lunes, 26 de julio de 2010

La tradicional pretemporada culturalista

Hay ciertos usos y costumbres en el hombre que, a fuerza de repetirse, acaban perdurando en el tiempo hasta convertirse en tradiciones. Dichas tradiciones son motivo de orgullo y celebración, porque en ellas van impresas las señas de identidad ancestrales de una comunidad. En la Cultural Leonesa, con el inicio de una nueva pretemporada, se aprecia también una curiosa costumbre, que, eso sí, no tiene pinta de alcanzar excesiva longevidad, teniendo en cuenta el delicado estado de salud que presenta nuestro histórico club de fútbol.

Efectivamente, y tal y como sucedira el pasado verano, la plantilla culturalista ha sufrido un exhaustivo lavado de cara; una severa criba, por decirlo de otro modo. De los jugadores que defendieron la camiseta blanca hasta el no tan lejano mes de Mayo, sólo tres han sobrevivido al periodo vacacional: Diego Calzado, Santi Santos y Chema Mato. Junto a ellos, con contrato ya rubricado, se entrenan otros cinco futbolistas, cuyos nombres, a día de hoy, poco nos dicen: Crusat, Rubén Rivera, Quique, Marín y Rubén Pardo. El grupo lo completan un puñado de canteranos y varios hombres a prueba, formando, en su conjunto, un plantel heterogéneo y variopinto.

En la parcela técnica también hay novedades. El tempranamente defenestrado Yosu Uribe ha sido sustituido por un hombre de perfil radicalmente opuesto: Alberto Monteagudo, joven y casi novato, que viene avalado por una buena campaña en el Lucena, equipo del grupo IV, en el que el míster albaceteño consiguió una meritoria sexta plaza, sobre todo si tenemos en cuenta que los jugadores se pasaron la mayor parte del año sin cobrar. Al menos de inicio, Monteagudo se ha encontrado con una recepción favorable, no así Santiago Vega, que llegó para cubrir la vacante de Luis Mezquita en la secretaría técnica y cuyas primeras declaraciones, nada más aterrizar, ya levantaron polvareda entre una afición culturalista más desanimada que nunca. Sus antecedentes profesionales, el hecho de tener una agencia de representación de jugadores y venir de la mano de Dionisio Elías no han ayudado precisamente a aplacar los ánimos.

La supervivencia de la Cultural pende hoy, más que nunca, de un hilo. El plan de austeridad es ciertamente necesario, pero no es menos irónico que quizás sea demasiado tarde para empezar a hacer las cosas bien. La crisis económica actual amenaza con asestar el golpe definitivo al club tras una década generosa en el gasto y tacaña en la planificación. La gestión de los actuales propietarios ha creado una deuda escandalosa, aunque muchos les acusan de algo más grave aún, como es haber ido desterrando aficionados lejos de las gradas del Reino de León. A pesar de tantas dificultades, o precisamente por eso, ningún culturalista de corazón debería renunciar a la más sagrada de las tradiciones: acudir cada domingo al estadio y apoyar al club deportivo con más solera de la ciudad. Abandonar ahora, por muchas excusas que se puedan encontrar para ello, equivaldría a convertirse en cómplice si realmente los peores augurios se acaban cumpliendo.

lunes, 17 de mayo de 2010

La Cultural Leonesa y el arte de hacer quinielas

Mediados de Mayo y primer fin de semana sin fútbol para los incondicionales de la Cultural Leonesa. ¿Cómo sobrevivir al domingo? Algunos, a juzgar por el gentío que se reunió alrededor de Santo Domingo, siguieron intensamente el desenlace del Campeonato Nacional de Liga en 1ª División; otros, permanecieron atentos a las eliminatorias por el ascenso a 2ª A, observando por el rabillo del ojo la actuación del equipo de la provincia que aún se mantiene en liza. Yo, por mi parte, reconozco que estuve, bolígrafo en mano, repasando la quiniela, en la que tenía depositadas grandes esperanzas. La columna con diez aciertos me premia con la inmensa satisfacción de seguir jugando.

Esta temporada, la Cultural tuvo más suerte. Por una vez, el azar estuvo de nuestra parte, cuando el bombo de la Copa del Rey nos emparejó con el mejor equipo del mundo en la actualidad: el FC Barcelona. Para ello, eso sí, hubo que solventar previamente tres eliminatorias, dos de ellas fuera de casa y en ambas ocasiones resueltas desde el punto de penalty. Ni el fútbol ni la quiniela son juegos de azar, pero lo parecen muy a menudo. Sin apenas conocerse, recién llegados a León, Yosu Uribe metió a sus muchachos en un autobús con destino a Lemona para iniciar una travesía que acabaría en el Camp Nou. La gran hazaña de jugadores y cuerpo técnico proporcionó unos ingresos salvadores para las arcas del club y una eliminatoria sobre el césped que permanecerá para siempre en la memoria de varias generaciones de culturalistas.

Pero no sólo de pan vive el hombre. El lastre copero y la incertidumbre en la sala directiva pasaron factura al equipo en la competición liguera, en la que la cultu se acostumbró desde el principio a caminar junto al abismo de los puestos de descenso y aferrarse a los goles del gran fichaje del año: Jito, goleador insaciable. Su efectividad de cara a la portería rival le convirtió rápidamente en el ídolo de una afición huérfana de estrellas. En la segunda vuelta, cuando los tantos del delantero catalán dejaron de ser imprescindibles, la Cultural fue levantando el vuelo, hasta conseguir la salvación y un puesto final en mitad de tabla. Por el camino, las victorias frente a Alavés, Eibar y Ponferradina obligaban a valorar el trabajo de jugadores y cuerpo técnico con mayor benevolencia.

Sin embargo, a día de hoy, todo apunta a una nueva revolución dentro de un club que no es amigo de la continuidad. La explosiva coctelera que es el consejo de administración culturalista ha comenzado a agitarse y de ella saldrán un nuevo presidente, secretario técnico y entrenador. ¿Renovación de jugadores? Algunos se lo merecen, aunque el criterio al respecto es una incógnita. Con una metodología de trabajo tan caótica, en fin, los fieles culturalistas tendrán que hacer un nuevo esfuerzo de esperanza ante la próxima temporada, la misma que yo tengo que hacer, que no paso de diez aciertos, cada vez que sello la quiniela.

lunes, 26 de abril de 2010

Todos contentos

A pesar del pasillo al campeón por parte de los jugadores locales, que lo hubo; a pesar de los cánticos jocosos por parte de ambas aficiones, que se oyeron; a pesar de la gran necesidad de puntos que tenía la Cultural, aún no salvada matemáticamente; a pesar, en definitiva, de los encontronazos entre jugadores, naturales en todo partido de fútbol, que, aunque pocos, alguno se vio, el derby del pasado domingo entre Cultural y Ponferradina no quedará para el recuerdo.


Las circunstancias, para empezar, no colaboraban, teniendo en cuenta lo poco que se jugaba la Ponferradina, ya asegurada la primera posición en la tabla clasificatoria. La escasa calidad del espectáculo deparado por ambos equipos, tampoco. La Deportiva mostró serenidad, toque y desmarque a la hora de jugar la pelota, pero careció de la constancia necesaria para doblegar el poblado entramado defensivo planteado por
Yosu Uribe. Los culturalistas, por su parte, esgrimieron orden y voluntad en la cantidad justa para mantener el resultado en la primera parte y conservar su ventaja en la segunda. Con un expulsado y el marcador en contra, los bercianos apenas pudieron inquietar la portería de Calzado.

En realidad, era difícil pensar en otro desenlace para este partido. La mayor motivación culturalista debía decantar el encuentro de su lado. El cabezazo de
Santi Santos fue suficiente para conseguirlo. A falta de otros estímulos, el espectáculo en los graderíos, felizmente repletos gracias a la colaboración de la hinchada visitante, contribuyó a disimular los bostezos. Para quienes nos situamos habitualmente en el lugar opuesto, la incursión en el lateral oeste supone una gran posibilidad para establecer contacto con algunos de los culturalistas con más solera y criterio. Los había capaces de contabilizar el número de concejales presentes en el palco, aleccionar al míster o publicitar las bebidas favoritas de los jugadores contrarios. Magín, por su parte, intentaba desesperadamente arrancar cánticos en los comedores de pipas, quienes le recordaban que habían ido a ver fútbol y no a dar palmas. Así es el deporte rey, último reducto de la utopía.

Acabado el encuentro y dispersados los espectadores, los jugadores culturalistas comenzaron a desfilar, cruzándose con los blanquiazules, varios de los cuales aguardaban en compañía el momento de subir al autobús y regresar a casa.
Chus Bravo y Santi Santos conversaban amistosamente con los que habían sido sus rivales unos minutos antes. También estaba por allí Rubén Vega. En los rostros de todos ellos se percibía satisfacción. Quedó patente que, al final, todos habían terminado contentos.